Mostrando entradas con la etiqueta blanco y negro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta blanco y negro. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de diciembre de 2014

MÁS TRENES QUE MADRUGADAS



Fotografía: Fran Gala @erfran72


Acabo de ver pasar mi tren. O tal vez no haya sido en este mismo instante. Quizás haga ya un siglo desde que partió. No lo tengo claro porque no puse atención a su marcha cuando debí hacerlo.

Desde que lo vi salir vivo sumergido en una desorientación temporal. No sé cuándo es hoy, si mañana ya ha llegado, si el futuro existe o si simplemente me mantengo absorto en una ensoñación que me obliga a seguir adelante.

Siento miedo al intentar calcular cuánto tiempo hace que dejé partir el vagón al que sólo subió el que yo creía mi destino. Sólo recuerdo que su paso me sorprendió mirando embobado hacia otro lado. Y allí me quedé, anclado en al andén, sin capacidad de reacción. Desde entonces permanezco sentado en el banco de la estación. Creo que hace mucho tiempo de aquello porque me han crecido la barba, las uñas y la pena.

Me levanto con movimientos pesados y salto del apeadero a las vías con algo de dificultad. Me arrodillo frente a ellas. Ladeo la cabeza, la apoyo en uno de los travesaños e intento adivinar si se aproxima un tren nuevo. Los hierros incandescentes me marcan la mejilla para siempre. El dolor hace que, en un acto reflejo, me lleve la mano a la cara intentando adivinar el alcance de esa nueva cicatriz. Tengo la cara en carne viva y lo único que me arde es el pecho.

Tras explorar los estragos en mi rostro miro el mapa que conforman las palmas de mis manos. Por dejar pasar mi tren se me ha desdibujado hasta la línea de la vida. Por dejarlo ir, todas las fotografías que tomo desde la estación salen desenfocadas y en color sepia.

Benito, que lleva más de tres décadas de guardagujas, me dice al verme allí día tras día que no debería preocuparme. Que hay más trenes que madrugadas. Creo que haré caso de sus consejos. Al fin y al cabo no hay nadie en el pueblo que entienda más de asuntos ferroviarios que él. 

Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 24 de noviembre de 2014

NO ME ESPERES

Fotografía: Fran Gala @erfran72



No me esperes. No te recrees en los lodos del recuerdo de mis arrepentimientos. Ya no soy constante. Ni tan siquiera mantengo un atisbo de linealidad. Te empeñas en que volveré, negándote a aceptar que la constancia es, por fin, la más invisible de mis virtudes. No voy a regresar a ti.

No me esperes. No te marques días señalados ni lugares especiales. Deja ya de celebrar aniversarios, primeras veces y últimos abrazos. No pongas flores frescas en el jarrón ni me invoques en tu almohada para acariciarme el pelo. Ya es tarde.

No fabules. No sueñes con que un día me giraré buscándote entre el gentío, me arrancaré el corazón y te lo entregaré sin reservas de nuevo. No imagines que me abandonaré entre tus brazos otorgándote el perdón. Porque he crecido más allá de las nubes y no tengo intención de descender. Porque ya no soy quien era.

No me esperes. No me pienses en nuestro rincón favorito del jardín. No creas que llorarme allí a medianoche va a provocar cambio alguno. Me hiciste sentir la letra pequeña al final del contrato. Rescindo nuestra unión y te absuelvo de cualquier pecado.

Si acaso guarda una pizca de esperanza, la mínima posible. Pero no me esperes. Me mantengo al margen de la ley de lo esperado abriendo ojos propios y callando bocas ajenas. Mis decisiones ya no consienten la marcha atrás. Ahora marco mis propias reglas.

Ahora me quiero.


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 30 de junio de 2014

DE BICICLETAS Y BRISAS

Fotografía: Fran Gala @erfran72



El sol ha desplegado toda su luz. Al fin. El verano ha comenzado. Abrid las ventanas de par en par, atesorad la brisa de la tarde y aferraos a los rayos que amanecen y que alimentan las almas. Rescatad las viejas bicis del trastero, pasead con ellas entre alamedas y silbidos y dejaos llevar cuesta abajo, con el viento pegado a la cara y la melena revuelta a gritos por la inercia de la alegría.

Echamos el cierre una temporada.. Toca descansar de letras, zooms y objetivos. Un descanso pequeñito. El tiempo justo para que podáis ir guardando imágenes e historias en una cajita, junto con las conchas y caracolas de la orilla de la vida. Así, cuando volvamos, abriremos todas esas cajitas y disfrutaremos como niños descubriendo su contenido.

Quedamos en septiembre para que nos mostréis las  marcas que durante este par de meses os ha dejado el sol sobre los hombros, la brisa en las mejillas y la grava en las rodillas. Que esta breve ausencia no nos borre del mapa de vuestras pupilas.

Nos vemos, nos sentimos, nos leemos.


¡Feliz verano pupiler@s!


¡Gracias siempre, GRACIAS!



Rosa y Fran


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 16 de junio de 2014

COSAS QUE YA SABES PERO QUE ME GUSTA RECORDARTE, AMOR



Fotografía: Fran Gala @erfran72



Amarte es caminar con pies de alivio sobre arena ardida.

Amarte es respirar con ansia ese viento que sé que me envidia.

Amarte es contar las horas en fracciones de desliz sin freno.

Amarte es reírme por fin de penurias, soledad y miedo.

Amarte es descubrir que hay noches claras dentro de los días.

Amarte es saber inventar manantiales entre dunas frías.

Amarte es compartir el pozo de deseos que no acaban nunca.

Amarte es abrigar tu piel hasta que la mañana despunta.

Amarte es no saber callar a mi cuerpo que te llama a  gritos.

Amarte y al fin anhelar que tú anheles mi desvarío.


Texto: Rosa Muro @pink_wall 


lunes, 26 de mayo de 2014

UNA PUERTA AL PARAÍSO

Fotografía: Fran Gala @erfran72

¡Saludos, pupiler@s! 

Esta semana continuamos con una serie de colaboraciones de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall). Esta vez le hemos brindado una de las fotografías de Fran Gala a nuestra maravillosa Mara para que inventara una historia llena de encanto, tal y como es ella. Esperamos que el resultado os guste tanto como a nosotros. ¡Gracias Mara! Esperamos que disfrutéis de su delicadeza con las letras, su dulzura y su sencillez. Si os quedáis con ganas de más podéis leerle en villamara, su maravillosa casa.


  

No sé bien donde estoy, ni si he llegado. Con los ojos abiertos sólo veo oscuridad. Si los cierro, vislumbro una puerta estrecha pero enmarcada de vida, abierta de par en par para mí y mi bebé, tapizada de esperanza por sus bordes, plena de savia fuerte, alimentando hojas verdes y frescas, escupiendo oxígeno puro y gotas de agua dulce. Así debería ser la entrada de cualquier paraíso; el que yo sueño, el que sueñan los que dejé atrás y los que me acompañan en este viaje: el paraíso es una promesa de futuro, con una puerta tras otra que traspasar…

Respiro hondo y despierto del todo. Por fin he dejado atrás el viento abrasador que quema los pulmones en la aldea donde viví, pobre y hambrienta, con sus ramas secas, sus maltrechas casas de adobe y la tierra árida que se abre en dolorosas grietas, alimentándose con savia de sangre de los que se matan por un puñado de maíz. Ahora noto la brisa del mar tumbada en la orilla; otra puerta superada…

Está amaneciendo y veo las primeras luces del día. Siento dolor y sed, pero mi bebé ha despertado y gime en mi regazo. Por él hago el esfuerzo y aparto el salitre de su mejilla de ébano. Se mueve inquieto buscando el dulce de la leche de mi pecho. Una gota más que no sé si puedo ofrecerle. El viaje en la barcaza, atravesando el mar, ha agotado lo poco que queda de mí; días de terror apartada en la popa, arrinconada por el resto mientras protegía al pequeño bulto atado a mi cuerpo, todos apretados gritando sin eco al vaivén de la furia de las olas y la inclemencia del sol.

“Tranquila. Están bien. Le ayudaremos…”, suena una voz fresca y cantarina a mi lado. Brota de un rostro compasivo y luminoso, de intensa mirada verde. Quiero creerla y me permito vivir, descansar y soñar con una nueva puerta al paraíso... 


Texto: Maria José Barroso

Twitter:  @Mara_BC

lunes, 19 de mayo de 2014

EL ABUELO



Fotografía: Fran Gala @erfran72



Al principio de perderte temí olvidarme tu rostro. Tu piel curtida por el sol, las arrugas que conformaban el mapa de tu historia. Aquella media sonrisa de dientes intermitentes. Pero sobre todo me aterraba que de mi memoria se fuese atenuando el recuerdo de la chispa de tus ojos, cada vez más chiquitos, de un azul tan intenso como el mar que jamás te cansabas de mirar. Yo creo que por eso tenían aquel color tan increíble. Si te asomabas mucho a ellos te acababas sumergiendo en tu Mediterráneo del alma.  

Ese miedo a tu olvido se atenúa gracias a la certeza de que siempre voy a recordar tu olor. Olías a tabaco de liar, a caramelos de café y a loción de afeitado de la de toda la vida. Así, todo junto. Cuando echarte de menos se hace insoportable siento ganas de salir corriendo a comprar esas tres cosas e intentar hacer la mezcla para probar si, tal vez, con el experimento, volvieras durante un ratito a mí.

Siento pena. Pena infinita. Y rabia a raudales. Pena por no haber podido despedirme. Rabia porque tu partida ha privado a mis hijos de disfrutarte como todos merecíais. Tus nietos apenas te recuerdan. Ya casi no me preguntan aquello de por qué no te dejan volver del Cielo aunque sea por sus cumpleaños. El tiempo, cuando eres pequeño, actúa de bálsamo y la mente se acaba ocupando en juegos y nuevas aventuras. Ojalá yo pudiese volver a ser niño.

Pese a todo me siento afortunado. Sé que cada vez que quiera puedo volver al malecón y explicarles a los chicos que aquel era tu lugar favorito. Sé que puedo sentarme en tu rincón preferido, asomarme al mar y adentrarme de nuevo en tus ojos. A veces incluso tengo la sensación de que la espuma de las olas huele a loción de afeitar. De la de toda la vida. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 12 de mayo de 2014

LA CONDENA

Fotografía: Fran Gala @erfran72


Hace tanto tiempo que me condené a esta vida que ya ni siquiera recuerdo el motivo. Me consumo en desaliento, encerrada a cal y canto entre estas cuatro paredes que parecen estrecharse conforme pasan los días. No me importa. La claustrofia no me afecta porque yo lo he decidido. He clausurado ventanas con cemento de polvo de arena y lágrimas turbias. Las puertas están cegadas con el mismo material. Todo hecho desde dentro, así no levanto sospechas. Con ese mismo cemento me acoracé el corazón.

Todos los días, al alba, reviso las paredes palmo a palmo en búsqueda de la grieta más nimia. Intento impedir que un resquicio de luz cometa la osadía de rozarme sin permiso. Abro los ojos únicamente porque no hay ser humano en el mundo capaz de vivir sin pestañear. Si por mí los mantendría cerrados día y noche. Pero es un reflejo involuntario, como respirar, como los latidos.

Vivo atada de pies, manos y esperanzas. No me fío de mí misma, porque sé que, si los suelto, cabe la posibilidad de que no pueda volver a doblegarlos nunca más. Una vez los dejé libres y no volveré a repetirlo. La nitidez del recuerdo me lacera los sentidos.

Aquel día el tiempo cambió y amenazaba tormenta. Los remolinos se agolpaban alrededor de la casa ululando en mis oídos. El más insistente de todos venció con fuerza un postigo. Y entraron el aire, la luz, las ganas, el desvarío… Entre ellos, camuflado, te colaste tú. Venías disfrazado de brisa liviana, de esas que alivian. Reventaste mi coraza con los iris encendidos.

Pero tu calor duró poco. Fue perdiendo fuerza y se consumió en un lapsus de tiempo que se me antojó un suspiro. Así son los remolinos. Llegan de golpe, marean, arrastran todo a su paso, cuando se marchan devastan lo que ven en su camino.

Y volví a quedarme sola.  De nuevo sola. Encerrada, con mis ganas y envuelta en mi desvarío. Me bebí de trago los gritos de súplica e impedí que el sol volviera a entrar.

Hace ya tanto tiempo que me condené a vivir así que ya ni siquiera recuerdo el motivo…


Texto: Rosa Muro @pink_wall




lunes, 5 de mayo de 2014

EL TERRATENIENTE

Fotografía: Fran Gala @erfran72

"Don José ha muerto", ese era el comentario en el pueblo. No se sabían la circunstancias que habían concurrido para que el terrateniente del pueblo apareciera muerto.

Todos tenían conocimiento de sus muchos enemigos, tantos como negocios turbios se traía entre manos. Pero en un pueblo como aquel, alejado de la carretera principal, la imaginación volaba tan rápido como lentas pasaban las horas.

"Lo han envenenado", decían unos. "Le han cortado la garganta", apuntaban otros. Pero la realidad era bien diferente...

Una realidad más turbia si cabe; se lo había encontrado el ama de llaves al amanecer, desnudo, atado a una silla y con los pantalones a la altura de los tobillos.

Ya lo decía mi madre: "Hijo mío, hasta para morirse hay que tener dignidad".
Texto: Fran Gala 
Twitter: @erfran72

lunes, 28 de abril de 2014

PEQUEÑO ROMANCE

Fotografía: Fran Gala @erfran72


¡Saludos, pupiler@s! 
Ya estamos de vuelta de las vacaciones de Semana Santa. Hoy retomamos nuestra serie de colaboraciones de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall), nuestra escritora habitual. En esta ocasión os mostramos el trabajo de una contadora de historias de excepción, Mercè Roura. Le hemos brindado una de las fotografías de Fran Gala y partiendo de esa imagen nos va a sumergir en ese mundo maravilloso que sólo ella es capaz de crear. Esperamos que disfrutéis de su pluma dulce, delicada y cargada de sentimiento. Si os quedáis con ganas de más os animamos a que la sigáis en su blog mercerou.wordpress.com, donde podréis disfrutar de todas sus historias, que están cargadas de sabiduría, belleza y atracción y detalles. Os dejamos con su relato:



Ella le quería. No preguntéis por qué ni cómo. No hay razones para quedarse prendido de alguien como un broche de alfiler y esperar a que te mire aunque no te vea. No hay que buscar sentido en lo que no tiene sentido ni lógica en lo que se mueve por ansia. Su amor era gigante. Su desespero era rotundo. Aquel amor inesperado ocupaba sus pensamientos y golpeaba su pecho una y otra vez para recordarle que era imposible, que tras la puerta de la realidad se ocultaba la fea cara de la indiferencia.

Ella le encontraba sin buscarle. Por no molestar, ni exhibir un amor loco que cansaría al más paciente de los amantes, incluso a ella la agotaba tanto amor concentrado en su pequeño cuerpo ávido de caricias. Y paseaba con su vestido rojo para intentar impactar, atravesar sus neuronas y llenar sus entrañas huecas...

Ella le adoraba mientras él remoloneaba para distinguir entre el deseo y el sueño, entre la pasión y la vida... Entre amar o seguir bailando sin mirar el reloj. Ella esperaba en un rincón de su vida, con los ojos abiertos para no perder detalle y los labios rojos deseando cruzar sus labios y dibujar el más tibio de los besos, el más ronco de los jadeos, la más fuerte de las embestidas...

Ella era sal y él un cuerpo insulso tirando a dulzón, un dulce de artificio que ella conocía, que ella intuía era falso... Le mentía cuando fingía escucharla. Le mentía cuando le decía que le importaba... Sencillamente le gustaba tenerla para no tenerla y saber que ella le amaba para no amarla...

Ella era mar y él roca con aristas cortantes. Ella le acariciaba con sus palabras y él laceraba sus defensas con sus miradas. Ella sabía que él no merecía sus besos ahogados con lágrimas. Él a veces parecía querer sucumbir y dejarse querer y otras rasgaba sus intentos de cariño con sus garras afiladas. 

Ella se dormía pensando que mañana quizás o tal vez nunca. Él no dormía nunca. Convertía las noches en madrugadas y los días en aletargados monólogos que ella escuchaba con ganas, esperando darle una respuesta que llenara sus fauces voraces y encontrar una palabra para llegar a su corazón de piedra.
Ella quería ser otra para que él la deseara. Él hubiera querido que fuera otra para poseerla.

Ella era una luna con halo rojo y él un sol cercano que quema y que araña. Ella era sauce lloroso y caído. Él era una hiedra que trepaba hacia mil ventanas. Nunca la de ella, nunca esta noche es la noche. Nunca esta mañana es la mañana. Ella quería ser hermosa y él disfrutaba ignorándola...

Él la miraba de reojo y ella siempre se enfrentaba a su rostro y le aguantaba la mirada... Conocía todos sus guiños y los mil caminos que le surcaban la cara. Era casi rudo, casi hermoso, casi dulce, casi de todo y en poco de nada... Y de todas formas le amaba. Porque el amor no se escoge.

Él siempre pensaba en sí mismo primero y ella, cuando se acordaba de que existía, también pensaba en ella misma.
Pasaban los días y él era aún la roca afilada y ella aún esa ola que lo acariciaba e intentaba erosionar sus defensas... Por si el amor llega. Por si un día está tan solo que se les escapa un abrazo y prueba un beso.

Y pasaron cien años y la roca permanecía inalterable y el amar aún danzaba sin parar... Ella se vestía de rojo aún por si él se daba cuenta de que existía y él nunca la miraba, nunca.

Hacía cada vez más frío y la calle cada día parecía más estrecha. En algún punto tendrán que encontrarse nuestros cuerpos cansados, pensaba. En algún momento, se decía, necesitará morar en mi piel porque no le quedará otra piel donde pasar la noche y llegar a la madrugada.

Y cuando alguien le preguntaba por qué, ella siempre decía que no tenía ninguna razón más que el puro delirio de soñar que sucedía... Y que estaba cansada y que ya no podía... Que cada día se levantaba por si acaso y cada noche se prometía no volverlo a intentar.

"Es que me necesita tanto y no lo sabe... Yo me conformo con quererle y él se conforma con que le quiera".

Texto: Mercè Roura @merceroura

lunes, 14 de abril de 2014

EL DESCANSO DEL GUERRERO



Fotografías: Fran Gala @erfran72


Queridos pupiler@s:

Llegan las vacaciones de Semana Santa y La Pupila se toma un descanso. Disfrutad de las fiestas, tanto si sois creyentes como "disfrutantes". Si os consideráis ambas cosas, ¡gozad el doble! Aprovechemos todos para desconectar y así regresar con más fuerza y más ganas. 

Sobre todo recordad:

"La risa son unas vacaciones instantáneas"
 (Milton Berle)

 
¡Nos vemos en quince días!


 
Rosa Muro @pink_wall

lunes, 31 de marzo de 2014

LA INDIFERENCIA

Fotografía: Fran Gala @erfran72

Todos los días la misma rutina. El locutor de su emisora favorita le despertaba cada mañana a las 7:00. Apagaba la radio de un manotazo, refunfuñaba un rato y se hacía el remolón. Finalmente se levantaba, se despojaba del pijama camino de la ducha, lo dejaba tirado sin importar dónde caía y después desayunaba lo que ya encontraba preparado en la mesa del comedor.  Devoraba la prensa económica alternando la vista del plato al periódico y viceversa. Todas las mañanas.

Al acabar la jornada volvía tarde a casa, cansado y de mal humor. Daba un portazo al entrar que hacía tintinear las lágrimas de cristal de la lámpara de la entrada. Invariablemente. Encendía el televisor con el volumen prácticamente al máximo mientras arrojaba el abrigo y el maletín sobre el sofá, se aflojaba el nudo de la corbata y se sentaba a la mesa. Todo lo encontraba a punto, cada plato preparado con esmero, ni muy frío ni muy caliente, con una cuidadísima presentación. Todas las noches.

Al final el silencio le pudo. Le ganaron la batalla la desgana, la desidia y la dejadez. No pudo con más portazos  ni más tintineos, no soportaba más despertares con aquel locutor insufrible a todo trapo, no iba a consentir más cenas sepulcrales ni más maletines abandonados a su suerte por doquier. Pero por encima de todo le desgarró la indiferencia. Ella se cansó de ser invisible.

Aquella noche planchó el vestido que a él más le gustaba. Se recogió el cabello, se maquilló con esmero, puso los mejores cubiertos en la mesa, la cristalería más cuidada, cocinó su plato favorito y esperó a que él volviera del trabajo.

Tras el golpe de la puerta y el correspondiente tintineo de cristal constató que él seguía sin verla. Pese al vestido, al perfume y al carmín de sus labios. Aguardó a que se aflojase la corbata y se sentase a cenar. Entonces le dedicó su mejor sonrisa, aun a sabiendas de que él no se iba a percatar. Se dió media vuelta y se dirigió con aparente calma hasta la cocina, con la sonrisa petrificada en la cara. Respiró hondo, abrió el cajón de los cubiertos y cogió el cuchillo más grande que encontró. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 24 de marzo de 2014

EL MUNDO AL REVÉS

Fotografía: Fran Gala @erfran72




El mundo al revés. Quién me iba a decir a mí, a mis 76 años recién cumplidos, que me iba a encontrar el mundo patas arriba. Cómo iba yo a sospechar que las cosas iban a cambiar de esta manera. Llevo toda la vida presumiendo de que me deslomé trabajando para que mi familia viviera mejor de lo que lo hicieron mis padres y mis abuelos, pero los motivos para presumir se  han esfumado. Resulta que han cambiado las tornas. Jamás pensé que mis ojos llegarían a ver algo así.

Salgo a pasear todas las mañanas. Por eso sé que me hago viejo. Porque me gusta caminar sin rumbo fijo, sentarme en un banco y dejar pasar el día sumido en pensamientos y recuerdos.  Rememoro a menudo y con cariño los años vividos en Venezuela. Labrarme un porvenir allí fue duro, pero el esfuerzo mereció la pena. Media vida al otro lado del océano luchando por asegurar un futuro acomodado a mis hijos. Y creí que lo había conseguido.

Me gustan los bancos de la plaza a media mañana. Tomo asiento y juego a adivinar cómo serán las vidas de los que deambulan ante mis ojos. ¿Les irá bien? Me pregunto durante cuánto tiempo los jóvenes continuarán manteniendo la esperanza, durante cuánto más los mayores conservarán las fuerzas para seguir alentándoles. Pienso, medito, bostezo… Estoy cansado.

Cansado porque hace ya tiempo que paso las noches pares soñando que sigo en Caracas. Los niños aún son pequeños y no entienden de preocupaciones. Los días impares, sin embargo, no consigo dormir. Se deslizan las horas lentas y agónicas por mi cabeza. Hago números, sumo facturas, cavilo. Pero las cuentas no salen. Dos hijos en paro y cuatro nietos son muchas bocas que alimentar. Menos mal que su difunta madre ya no está aquí para verlo. Menos mal que tengo 76 años. Y mi pensión. Y la dignidad. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 17 de marzo de 2014

EL INSTANTE MÁS FELIZ DEL DÍA

Fotografía: Fran Gala @erfran72

¡Saludos, pupiler@s! 
Esta semana continuamos con nuestra serie de colaboraciones de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall), nuestra escritora habitual. Esta vez le hemos brindado una de las fotografías de Fran Gala a nuestra querida Leire Frex para que diera rienda suelta a su imaginación. Esperamos que disfrutéis de su delicadeza contando historias y de su sensibilidad. Si os quedáis con ganas de más os animamos a que la sigáis en Twitter (@marconpi66), donde comparte con todo aquel que quiera leerlo pequeños retazos de belleza literaria. Os dejamos con su historia:


Habían pasado toda la vida juntos y ahora, desde hacía un tiempo, ella ya no recordaba esa vida.
Todas las tardes iba a recogerla a la residencia, allí estaba ella tan guapa como siempre, a él se le alegraba la mirada al verla, a la vez que se le entristecía el alma.
- Hola Julio, buenas tardes, tan puntual como siempre.
Le saludaba una amable enfermera, que les tenía mucho aprecio.
- Aurora ya baja, está preparada.
-Gracias, Carmen-, sonreía educado.
La tomaba de la mano y con todo el cariño del mundo, le daba un beso en su mejilla.
-En una horita regresamos.
Día tras día, el mismo paseo con idéntico recorrido, las calles para ella todas desconocidas, Julio iba hablando, contando lo que había hecho y lo que después haría, sobre sus hijos, sus nietos..., Aurora solo sonreía.
Por fin llegaban frente a aquel escaparate, era el instante más feliz del día, cuando de los labios de su amada esposa salía un leve susurro que le decía: -Julio y yo-, apretaba su brazo y se le escapan un par de lágrimas, "nosotros".
Aquella tienda de fotografía que tantos años regentaron juntos, y que mostraba en el escaparate la foto de su boda.

Texto: Leire Frex
Twitter: @marconpi66

lunes, 10 de marzo de 2014

CAFÉ A LAS 6

Fotografía: Fran Gala @erfran72



No podía quitarle los ojos de encima, parapetado tras la barra. En cuanto la vio en la puerta se quedó paralizado mirándola. Sujetaba una jarra de leche caliente a medio camino de la taza de un cliente que tuvo que increparle para que prestase atención a lo que estaba haciendo. Eran las seis en punto.

Llevaba el cabello ondulado, de un tono castaño rojizo que reflejaba la luz de aquella tarde cálida que amenazaba primavera. Recogidos a medio lado, los mechones le caían por delante del hombro como un broche precioso sobre el pecho. La boca, maquillada con carmín frambuesa, destacaba casi más que sus enormes ojos color café en una piel clarísima salpicada de minúsculas pecas. Poseía unos rasgos que a él se le antojaron perfectos.

La mujer avanzó taconeando con paso seguro entre las mesas y eligió la más alejada del mostrador para tomar asiento. Se despojó de los guantes y el abrigo y se acomodó a la espera de que le tomasen nota. Él continuaba tras la barra, haciendo ver que secaba vajilla con un trapo, pero sólo acertaba a sacar brillo al mismo vaso una y otra vez. Su jefe le hizo un gesto impaciente con la cabeza para que se acercase a preguntar a la nueva clienta qué deseaba tomar.

Presionado por el dueño se armó de valor y se dirigió a la mesa del fondo. - Buenas tardes señorita. ¿Qué va a ser?-. Le sorprendió que su propia voz sonara inesperadamente desenfadada y serena. Ella pidió un café con aire distraído.

Ni siquiera alzó la mirada mientras hablaba con él. Parecía muy ocupada escudriñando el local como si buscase algo o a alguien. En la mesa, bajo los guantes, asomaba un libro cuyo título no se dejaba ver. No le hacía falta. Sabía perfectamente de qué novela se trataba. Titubeó un momento antes de darse media vuelta y encaminarse a la barra. Preparó el café, lo colocó sobre el mostrador y otro compañero se lo acercó a la mesa.

La siguiente media hora se les hizo eterna a ambos. Ella, conforme pasaba el tiempo, se mostraba cada vez más inquieta. Bebía a pequeños sorbos como si no deseara terminar. Fijaba la vista en la puerta cada vez que se abría y ojeaba el reloj una y otra vez. Él, escondido tras la cafetera, la observaba sin ser visto mientras cambiaba el peso del cuerpo de un pie a otro, presa del nerviosismo.

Finalmente la mujer se levantó de la mesa y con gesto resignado se marchó. Él salió de su escondite, recogió la taza vacía, la rozó con sus propios labios y la guardó en su taquilla acariciándola. Sabía que aquello era lo más cerca que iba a estar de besar a aquella mujer jamás. El acto de cobardía que acababa de protagonizar le alejaría de ella para siempre. Una cita a ciegas no había sido la mejor de las ideas. El amor es para los valientes. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall


lunes, 3 de marzo de 2014

EL BAILE DE LAS ESPIGAS

Fotografía cortesía de Norberto Santos @norbertosl



Seguí las huellas de tu recuerdo con paso vacilante. Me llevaron hasta un prado de árboles infinitos y espigas doradas que se contoneaban a merced del otoño. El lugar en el que hicimos planes por primera vez. Yo reía sin parar tumbada sobre la hierba mientras seguía con la mirada el vaivén de los volantes de mi falda. Tú gesticulabas preso del entusiasmo junto a mí, apoyado sobre un brazo mientras me retirabas el cabello de la cara con la mano que te quedaba libre y me besabas la sien. 

Me contabas historias increíbles que me creí. No sé cómo en aquel momento no me di cuenta de que aquello que pretendías que construyéramos juntos no eran más que castillos en el aire. Poco tiempo después caí en ello de golpe. Un golpe seco y frío causado por una ráfaga de viento que derrumbó los cimientos de nuestros castillos. El viento de la mentira. 

Aquel día, en el prado, estaba loca de amor. Y la locura del corazón empaña los ojos del sentido común. Fui la última en saber que frecuentabas aquel rincón maravilloso con otras que no eran yo. Que los castillos que pretendías edificar formaban legión, que no eran patrimonio tuyo y mío. Un golpe seco, frío y asolador.

El tiempo ha convertido el dolor en pena. La danza hipnótica de las ramas mitiga mi tristeza. Porque cuando siento que ésta se adueña de mí me tumbo en la hierba, entrecierro los ojos, me recreo en el espectáculo y pienso en que al menos obtuve algo bueno de ti: El baile de las espigas. 



Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 24 de febrero de 2014

INSOLENCIA

Fotografía: Fran Gala @erfran72


¡Saludos, pupiler@s! 
Esta semana continuamos con una serie de colaboraciones de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall), nuestra creadora de relatos habitual. Esta vez le hemos brindado una de las fotografías de Fran Gala a su tocayo Francisco Javier Muñoz para que diera rienda suelta a su imaginación. Esperamos que el resultado os guste tanto como a nosotros. ¡Gracias Javi! Esperamos que disfrutéis de su habilidad contando historias y de su frescura. Si os quedáis con ganas de más podéis leerle en lamenagerieintime.com.



Antes de llegar a casa me di un último paseo por la ciudad.

Afortunadamente no coincidí con muchas personas y llegué hasta el solitario banco donde, unos meses antes, había visto aquel cuerpo. Era un muerto insolente, deseoso de transmitir con su semblante una tranquilidad que en ningún modo le pertenecía. Por eso me cayó mal aquel muerto y por eso me alegré de no haberlo conocido en vida, porque rapaces arrogantes como él, incluso después de muertos, es lo que sobra. Quién puede compadecer a un muerto que pretende engañar con esa cara tranquila. Yo al menos lo odié en cierto modo, en la medida en que se puede odiar a un cadáver, y decidí no moverlo de ese banco; dejar que su rostro azul siguiera intentando esconderse entre sus antebrazos, con los pies colgándole a escasos centímetros del suelo.

Lo abandoné, si es que es posible abandonar a un muerto, y en los quince minutos de camino que me llevaron de vuelta al casa traté de olvidarlo; en ningún momento lo toqué, ni me acerqué demasiado; al abandonarlo con tal indulgencia sentí que me sería fácil olvidarlo, y así lo hice.

Miré, digo, el banco, lo vulgar que era, la mediocre elección del hombre que decidió dejarse caer, allí, para morir. Me alegré de no haber corrido su misma suerte y de que aún me quedasen tres o cuatro años de verdadera vida por delante. También me acució, en cierta manera, el saber que no hay tiempo que perder y todas esas jodidas leyes macabras a pesar de que nunca he sido un existencialista ni he querido exprimir el tiempo con ansiedad; contrariamente, siempre he sido partidario de una cierta placidez.

Lo único que estaba claro es que no me quedaba ni un segundo más allí, así que hice las maletas, me metí en el coche y me fui sin decir nada, pensando en lo catastrófico. 

Texto: Francisco Javier Muñoz 



lunes, 17 de febrero de 2014

SANGRE Y TINTA

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Pasean con pies desnudos por mentes inquietas e imaginaciones ávidas de aventuras no vividas.

Alumbran historias a veces inventadas, sueños fruto del deseo y verdades de mirada limpia.

Laceran con lengua afilada, duelen en lo más  profundo y se marcan a fuego en las almas ofendidas.

Actúan como bálsamo en las heridas, se hacen costra de versos tiernos y cicatrices de prosa sentida.

Buscan ayeres vergonzosos, predicen futuros casi escritos y mantienen las memorias vivas .

Resisten al paso del tiempo, conforman su propio verdugo y ni siquiera el viento las domina.

Abruman y alborozan a partes iguales. Arrastran a la zozobra y al miedo y recuperan esperanzas perdidas.

Son las palabras. Dichas, escritas, leídas. La tinta es su sangre, nos dan la vida. Y en ocasiones también nos la quita. 


Texto: Rosa Muro  @pink_wall

lunes, 3 de febrero de 2014

JUNCOS VALIENTES

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Lunes, 03 de febrero de 2014

Querido diario:

¿Crees que es tarde? ¿Se me habrá echado el tiempo encima para pensar en cambios de rumbo,  puntos de inflexión y propósitos de enmienda en mi vida para este año? No. Definitivamente no.  Para buscar la corriente de viento que favorezca mi viaje cualquier época es buena. Lo importante es decidirse, dar el primer paso. Y lo voy a hacer. Desplegaré todas mis velas.

Fabricaré mis propio sueños y los haré realidad. Porque si no intento llevarlos a cabo de nada habrán servido mis paseos nocturnos por los océanos de Oniria. Optaré por la mejor compañía, la que me haga sentir en paz y a la vez viva. Me rodearé de aquellos que sepan alborotarme la sangre cuando el abatimiento me pueda. Mantendré a mi lado a los expertos en acariciar terminaciones nerviosas con las yemas de sus dedos consiguiendo así apaciguarme cuando mis propios demonios intenten arrastrarme a su terreno.

Lucharé por lo que creo justo, me ilusionaré a diario con las cosas más pequeñas y aprenderé a surfear para alcanzar olas de risas. Disfrutaré perdiendo el equilibrio, caeré una y otra vez y me volveré a levantar  para alcanzar la cresta a carcajadas. Pero han de ser carcajadas compartidas. Si no, no las quiero.

Me afanaré en nombrar más a menudo a los que ya no están. No necesitaré voz ni palabras. Sólo ganas, recuerdos y amaneceres rojos. Nubes teñidas de color púrpura desde las que ellos se asomarán para velar por mí, por los que aún quedamos. Cielos que me guiñarán el ojo enviando señales a través de bailes mágicos de bandadas de golondrinas.

Abriré la mente a nuevas ideas y pensamientos.  Intentaré vivir cada día como si no hubiera más. Izaré banderas de cariño, dedicaré más “tequieros” y desearé imposibles. Porque nunca se sabe. Emergeré de entre las aguas como los juncos valientes, manteniéndome bien erguida a pesar de las corrientes.

Todo eso y mucho más. Porque aún estoy a tiempo. Porque he desplegado mis velas.


Texto: Rosa Muro @pink_wall