Mostrando entradas con la etiqueta bicicleta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bicicleta. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de junio de 2014

DE BICICLETAS Y BRISAS

Fotografía: Fran Gala @erfran72



El sol ha desplegado toda su luz. Al fin. El verano ha comenzado. Abrid las ventanas de par en par, atesorad la brisa de la tarde y aferraos a los rayos que amanecen y que alimentan las almas. Rescatad las viejas bicis del trastero, pasead con ellas entre alamedas y silbidos y dejaos llevar cuesta abajo, con el viento pegado a la cara y la melena revuelta a gritos por la inercia de la alegría.

Echamos el cierre una temporada.. Toca descansar de letras, zooms y objetivos. Un descanso pequeñito. El tiempo justo para que podáis ir guardando imágenes e historias en una cajita, junto con las conchas y caracolas de la orilla de la vida. Así, cuando volvamos, abriremos todas esas cajitas y disfrutaremos como niños descubriendo su contenido.

Quedamos en septiembre para que nos mostréis las  marcas que durante este par de meses os ha dejado el sol sobre los hombros, la brisa en las mejillas y la grava en las rodillas. Que esta breve ausencia no nos borre del mapa de vuestras pupilas.

Nos vemos, nos sentimos, nos leemos.


¡Feliz verano pupiler@s!


¡Gracias siempre, GRACIAS!



Rosa y Fran


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 11 de noviembre de 2013

EL SUEÑO DEL CISNE

Fotografía: Fran Gala @erfran72


No se había planteado que aquel trabajo en el restaurante pudiera resultar tan duro. El dolor de pies le está mortificando. Se baja de la bicicleta con gesto cansado y la apoya en la pared, cerca de su ventana, para poder vigilarla bien desde el interior. Ya le ha "desaparecido" tres veces este mes, pero milagrosamente siempre vuelve a ella. Entra en casa cerrando de un golpe la puerta del sótano que tiene alquilado y se tumba, sin quitarse el uniforme, en el viejo sofá-cama. Hay un  muelle suelto en el asiento que le está destrozando la espalda pero se encuentra tan agotada que cae rendida casi al instante.

Su cuerpo se relaja y comienza el viaje. Todas las noches a la misma hora. Justo cuando la luna ya se ha lavado la cara y las estrellas le adornan el pelo. Es precisamente entonces cuando los sueños saltan desde su camastro y con pasos cortos pero firmes se pierden entre callejas de anhelos. Siempre le ha gustado soñar despierta, pero la noche tiene esa magia que hace los sueños más alcanzables. Todos los imposibles se convierten en posibilidades después de que caiga el sol.

Sueña que es bailarina. Una bailarina de las de verdad, de las de falda de tul, pelo recogido en un moño bien tirante y los dedos de los pies deformados de tanto echarle pasión a la vida. Una bailarina de las que dejan deslizar lágrimas por sus mejillas mientras gira y gira cuando muere el cisne. De esas que no consiguen sacar las manchas de sangre que la búsqueda de la perfección deja en sus zapatillas de ballet.

Sueña que además es buena en lo suyo. ¡Qué digo buena! Es realmente excepcional. El público la aplaude, enfervorizado y puesto en pie, justo antes de que caiga el telón. Y ella, de puntillas todavía al acabar la función, saluda una y otra vez, buscando ansiosa entre reverencia y reverencia la presencia cómplice de él en el patio de butacas. Y llega el mejor momento de la noche, cuando sueña que los ojos de ambos se encuentran. Es un cruce de miradas que dura sólo un instante. El instante justo para que las luces del teatro se apaguen y el público enmudezca. De pronto están ellos dos solos en medio de la multitud. 

Pero los sueños no crecen así como así. Por suerte o por desgracia se alimentan de realidad. Así que cada mañana ella despierta, se pone el uniforme y se recoge el cabello en un moño. Bien tirante, eso sí.  Pedalea hasta el restaurante mientras desgrana lo que su mente ha imaginado horas atrás y sonríe. Algún día se convertirá en cisne. Y él, extasiado desde su asiento, la verá morir bailando. Sus miradas, al fundirse en una sola, harán estallar los focos del teatro en mil pedazos. Si eso no ocurre algún día, sucederá al menos una noche más. Esa misma noche sin duda. Y todas las noches del resto de su vida. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall