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lunes, 20 de enero de 2014

LA ASFIXIA

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Llegaste a mí como el oxígeno a un buceador en apuros. Como la primera gota de rocío a la flor suicida que decidió marchitarse al ponerse el sol. Apareciste y me cobijaste al abrigo de tus pestañas, que me abanicaban con un solo parpadeo y me aliviaban la asfixia en la que me mantenía sumida hasta entonces.

Nunca sentí la necesidad de preguntar de dónde venías, porque ya lo sabía. Procedías del otro lado de un arco iris de invierno. Ni siquiera en eso podías ser común. Viniste con una misión: remendarme las costuras que otros antes descosieron, con o sin intención. A mí me gusta pensar que lo hicieron de manera involuntaria.

La primera vez que te vi vestías una camisa blanca como los lirios. Olías a sábanas limpias tendidas al sol. Y a ilusión nueva. Viniste para templar mis noches y darle la vuelta a mi almohada por el lado frío en las madrugadas de estío.

Te marchaste de mí del mismo modo en que llegaste, de manera repentina pero de puntillas. Me dejaste huérfana de lirios. Se me reabrieron las costuras. Otra vez. Y la almohada volvió a sofocarme. Ahora tiene los dos lados ardientes por más vueltas que le dé.

Paso las madrugadas a los pies de tu balcón, esperando que, quizás, te des cuenta de que tomaste la decisión equivocada. Y el deseo de que te mueras por volver a abanicarme la asfixia me araña el pecho y se me aferra a los pulmones. Mientras tanto alzo la vista, con la esperanza vana de que enciendas una luz, de que me hagas una señal.  Y boqueo. Como un buceador en apuros. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 16 de septiembre de 2013

LA DANZA DE LA LLUVIA


Fotografía: Fran Gala @erfran72


Creímos ser almas gemelas durante un instante. Nos buscamos con los ojos cerrados y la ilusión abierta de par en par. Y mientras tanto, la incertidumbre se nos paseaba por las espaldas.

Arriesgamos nuestro confort emocional y lo expusimos de forma desgarradoramente consciente a las espinas. Y nos pinchamos, y sangramos, y nos curamos las heridas a base de noches de alcohol e insomnio al imaginar al otro aún despierto en la distancia.

En vez de soltarnos el pelo desatamos las querencias, partimos nuestro centro en dos para tener algo que ofrecernos y nos intercambiamos los pedazos para volver a sentirnos de nuevo completos y recompuestos.

Bailamos descalzos bajo la tormenta, quedando a merced de los relámpagos, de la oscuridad, del viento, aun sabiendo casi a ciencia cierta que no había futuro para aquella danza de la lluvia. Cuando amainó caminamos en silencio, uno al lado del otro, sin cogernos de la mano, bajo un cielo plomizo cansado de teñirse una y otra vez sobre las aguas.

Y a pesar de todo dijimos que sí. Corrimos el riesgo. Porque decir no habría sido peor que arriesgar. Decir no habría supuesto quedarse encadenado a la duda de por vida. Y no nos arrepentimos jamás. Ni lo haremos. Fue el mismo viento el que nos secó las ropas y las esperanzas y nos devolvió el calor perdido. Porque no intentarlo hubiera sido resignarse. Y resignarse es dejarse morir en vida.

Para dejarse morir siempre hay tiempo. Eso sí, tarde, muy tarde, cuando ya no queden fuerzas que agotar, ni riesgos que correr, ni lluvia bajo la que bailar. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall



Nota: Si habéis llegado hasta aquí quiere decir que hemos superado el período estival y os tenemos de vuelta, cuestión que nos llena de alegría y nos anima a seguir adelante con la misma ilusión que antes del verano. Gracias por seguir confiando en nosotros. Sigamos manteniendo, entre todos, las pupilas bien abiertas. ¡Bienvenidos de vuelta!