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martes, 14 de abril de 2015

TODO ES PARA SIEMPRE

Fotografía : Fran Gala @erfran72
 
 "Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". 
 
(Eduardo Galeano)
 
 
Queridos pupiler@s:
 
Nos hemos resistido durante semanas a escribir estas líneas pero por motivos personales y profesionales nos vemos en la necesidad de dejar que La Pupila descanse.
 
Estos casi dos años cargados de fotografías, letras y sobre todo de vuestra inestimable compañía nos han aportado tantas alegrías y satisfacciones que nos faltan tinta y lentes para abrazaros a todos con el cariño y la intensidad que merecéis. Vuestro apoyo ha conformado el motor de este blog que nos ha hecho tan felices.
 
Os mandamos un beso virtual a cada uno. Este tiempo a vuestro lado ha resultado maravilloso. Gracias a todos de corazón. Os queremos.
 
 
 
Rosa @pink_wall y Fran @erfran72
 
 
 
P.D. Quizás algún día, quién sabe, entre caminos inciertos, paredes de piedra viva y recodos de alegría nos volvamos a encontrar. Porque todo es para siempre. 
 

 



lunes, 17 de marzo de 2014

EL INSTANTE MÁS FELIZ DEL DÍA

Fotografía: Fran Gala @erfran72

¡Saludos, pupiler@s! 
Esta semana continuamos con nuestra serie de colaboraciones de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall), nuestra escritora habitual. Esta vez le hemos brindado una de las fotografías de Fran Gala a nuestra querida Leire Frex para que diera rienda suelta a su imaginación. Esperamos que disfrutéis de su delicadeza contando historias y de su sensibilidad. Si os quedáis con ganas de más os animamos a que la sigáis en Twitter (@marconpi66), donde comparte con todo aquel que quiera leerlo pequeños retazos de belleza literaria. Os dejamos con su historia:


Habían pasado toda la vida juntos y ahora, desde hacía un tiempo, ella ya no recordaba esa vida.
Todas las tardes iba a recogerla a la residencia, allí estaba ella tan guapa como siempre, a él se le alegraba la mirada al verla, a la vez que se le entristecía el alma.
- Hola Julio, buenas tardes, tan puntual como siempre.
Le saludaba una amable enfermera, que les tenía mucho aprecio.
- Aurora ya baja, está preparada.
-Gracias, Carmen-, sonreía educado.
La tomaba de la mano y con todo el cariño del mundo, le daba un beso en su mejilla.
-En una horita regresamos.
Día tras día, el mismo paseo con idéntico recorrido, las calles para ella todas desconocidas, Julio iba hablando, contando lo que había hecho y lo que después haría, sobre sus hijos, sus nietos..., Aurora solo sonreía.
Por fin llegaban frente a aquel escaparate, era el instante más feliz del día, cuando de los labios de su amada esposa salía un leve susurro que le decía: -Julio y yo-, apretaba su brazo y se le escapan un par de lágrimas, "nosotros".
Aquella tienda de fotografía que tantos años regentaron juntos, y que mostraba en el escaparate la foto de su boda.

Texto: Leire Frex
Twitter: @marconpi66

lunes, 3 de febrero de 2014

JUNCOS VALIENTES

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Lunes, 03 de febrero de 2014

Querido diario:

¿Crees que es tarde? ¿Se me habrá echado el tiempo encima para pensar en cambios de rumbo,  puntos de inflexión y propósitos de enmienda en mi vida para este año? No. Definitivamente no.  Para buscar la corriente de viento que favorezca mi viaje cualquier época es buena. Lo importante es decidirse, dar el primer paso. Y lo voy a hacer. Desplegaré todas mis velas.

Fabricaré mis propio sueños y los haré realidad. Porque si no intento llevarlos a cabo de nada habrán servido mis paseos nocturnos por los océanos de Oniria. Optaré por la mejor compañía, la que me haga sentir en paz y a la vez viva. Me rodearé de aquellos que sepan alborotarme la sangre cuando el abatimiento me pueda. Mantendré a mi lado a los expertos en acariciar terminaciones nerviosas con las yemas de sus dedos consiguiendo así apaciguarme cuando mis propios demonios intenten arrastrarme a su terreno.

Lucharé por lo que creo justo, me ilusionaré a diario con las cosas más pequeñas y aprenderé a surfear para alcanzar olas de risas. Disfrutaré perdiendo el equilibrio, caeré una y otra vez y me volveré a levantar  para alcanzar la cresta a carcajadas. Pero han de ser carcajadas compartidas. Si no, no las quiero.

Me afanaré en nombrar más a menudo a los que ya no están. No necesitaré voz ni palabras. Sólo ganas, recuerdos y amaneceres rojos. Nubes teñidas de color púrpura desde las que ellos se asomarán para velar por mí, por los que aún quedamos. Cielos que me guiñarán el ojo enviando señales a través de bailes mágicos de bandadas de golondrinas.

Abriré la mente a nuevas ideas y pensamientos.  Intentaré vivir cada día como si no hubiera más. Izaré banderas de cariño, dedicaré más “tequieros” y desearé imposibles. Porque nunca se sabe. Emergeré de entre las aguas como los juncos valientes, manteniéndome bien erguida a pesar de las corrientes.

Todo eso y mucho más. Porque aún estoy a tiempo. Porque he desplegado mis velas.


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 23 de septiembre de 2013

LAS CALLES MUERTAS

 
Fotografía: Fran Gala @erfran72




Al salir de la iglesia el día le cegó. Siempre le ocurría igual cada vez que volvía al pueblo. Se sentía envuelto por una luz diferente, más intensa, más blanca. Tal vez se debiera a que las fachadas que el Ayuntamiento obligaba a blanquear cada temporada actuaban de espejo y todos los rayos apuntaban inexplicablemente hacia él. Siempre. Se despidió de los asistentes con un ligero movimiento de cabeza. No había sido un funeral multitudinario, pero tampoco esperaba mucho más. Su padre nunca tuvo buen carácter ni ganas de hacer amigos. Ni en casa ni fuera de ella.

Se dirigió con paso lento hacia el único bar del pueblo. Siempre que pensaba en su progenitor lo recordaba en la terraza de aquel bar. Volvía del campo, se cambiaba las botas manchadas de tierra por unas zapatillas de esparto, se lavaba las manos y sin decir palabra se dirigía hacia allí. Pedía una cerveza, liaba un cigarrillo, lo encendía y lo dejaba consumir entre los dedos mientras veía a los paisanos desfilar delante de él. Todo ello sin mediar palabra. Siempre solo.

El local estaba cerrado. Se sentó en una silla desvencijada que había junto a la puerta y se encendió un cigarro. No tenía cerveza que acercarse a los labios pero aun así fijó la mirada al frente. Exactamente igual que solía hacer él. Pero ahora ya no había nadie a quien observar. El pueblo estaba desierto. Las fachadas seguían encaladas pero los socavones de la calle continuaban sin arreglar. La barandilla de la terraza necesitaba una mano de pintura. Hasta los tiestos que adornaban la acera habían dejado morir a sus propias plantas.

No había sentido pena durante el proceso de la enfermedad. Ni siquiera en el sepelio. No le habían emocionado las palabras del párroco, ni los pésames, ni siquiera el lúgrube sonido del órgano de la iglesia. Nada. Se sentía hueco por dentro. Pero de pronto la nostalgia se apoderó de él. Se le anudó a la garganta, le trepó por la nuca y se le aferró a los ojos. Se le mezcló con la luz que irradiaban aquellas malditas fachadas. Y rompió a llorar.   

Lloró por aquel hombre huraño y solitario. Por una infancia triste en blanco y negro. Lloró por los gestos de cariño que se perdieron en el camino. Y por aquel pueblo ahora muerto. Muerto como su padre. Lloró porque a pesar de lo que él le había reprochado mil veces, los hombres sí lloran. Y las lágrimas no cesaron de brotar hasta que el cigarrillo se le consumió entre los dedos. No paró hasta que a aquellas macetas les volvieron a brotar flores. Porque ya no había nadie a quien mirar pasar. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall