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lunes, 24 de noviembre de 2014

NO ME ESPERES

Fotografía: Fran Gala @erfran72



No me esperes. No te recrees en los lodos del recuerdo de mis arrepentimientos. Ya no soy constante. Ni tan siquiera mantengo un atisbo de linealidad. Te empeñas en que volveré, negándote a aceptar que la constancia es, por fin, la más invisible de mis virtudes. No voy a regresar a ti.

No me esperes. No te marques días señalados ni lugares especiales. Deja ya de celebrar aniversarios, primeras veces y últimos abrazos. No pongas flores frescas en el jarrón ni me invoques en tu almohada para acariciarme el pelo. Ya es tarde.

No fabules. No sueñes con que un día me giraré buscándote entre el gentío, me arrancaré el corazón y te lo entregaré sin reservas de nuevo. No imagines que me abandonaré entre tus brazos otorgándote el perdón. Porque he crecido más allá de las nubes y no tengo intención de descender. Porque ya no soy quien era.

No me esperes. No me pienses en nuestro rincón favorito del jardín. No creas que llorarme allí a medianoche va a provocar cambio alguno. Me hiciste sentir la letra pequeña al final del contrato. Rescindo nuestra unión y te absuelvo de cualquier pecado.

Si acaso guarda una pizca de esperanza, la mínima posible. Pero no me esperes. Me mantengo al margen de la ley de lo esperado abriendo ojos propios y callando bocas ajenas. Mis decisiones ya no consienten la marcha atrás. Ahora marco mis propias reglas.

Ahora me quiero.


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 3 de marzo de 2014

EL BAILE DE LAS ESPIGAS

Fotografía cortesía de Norberto Santos @norbertosl



Seguí las huellas de tu recuerdo con paso vacilante. Me llevaron hasta un prado de árboles infinitos y espigas doradas que se contoneaban a merced del otoño. El lugar en el que hicimos planes por primera vez. Yo reía sin parar tumbada sobre la hierba mientras seguía con la mirada el vaivén de los volantes de mi falda. Tú gesticulabas preso del entusiasmo junto a mí, apoyado sobre un brazo mientras me retirabas el cabello de la cara con la mano que te quedaba libre y me besabas la sien. 

Me contabas historias increíbles que me creí. No sé cómo en aquel momento no me di cuenta de que aquello que pretendías que construyéramos juntos no eran más que castillos en el aire. Poco tiempo después caí en ello de golpe. Un golpe seco y frío causado por una ráfaga de viento que derrumbó los cimientos de nuestros castillos. El viento de la mentira. 

Aquel día, en el prado, estaba loca de amor. Y la locura del corazón empaña los ojos del sentido común. Fui la última en saber que frecuentabas aquel rincón maravilloso con otras que no eran yo. Que los castillos que pretendías edificar formaban legión, que no eran patrimonio tuyo y mío. Un golpe seco, frío y asolador.

El tiempo ha convertido el dolor en pena. La danza hipnótica de las ramas mitiga mi tristeza. Porque cuando siento que ésta se adueña de mí me tumbo en la hierba, entrecierro los ojos, me recreo en el espectáculo y pienso en que al menos obtuve algo bueno de ti: El baile de las espigas. 



Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 13 de enero de 2014

PIEDRAS MOJADAS

 
Fotografía: Fran Gala @erfran72



Nuestra historia no fue de amor. Nuestra historia fue de fuego. Nos quisimos con intensidad, con furia y con desgarro. Nos consumíamos entre llamaradas cada noche y resurgíamos cada madrugada. Así es como deben arder los amores de verdad, los auténticos, los que escuecen como sal en una herida abierta y producen cosquillas en el interior de los ventrículos a partes iguales.

Avivábamos el fuego con la ausencia. Tú te marchabas y yo te esperaba. Siempre volvías. Y el fuego nos abrasaba. Y te volvías a marchar. Así durante años. Cuando no te tenía jugaba a imaginarte. A veces pasaba tanto tiempo que te tenia que inventar. Fue el mar dictador quien decidió apagarnos por completo una noche de tormenta. 

Guardo las cenizas de nuestra hoguera en un tarrito de cristal con la tapa de color aguamarina. Le puse una etiqueta en la que puede leerse “lo nuestro”. De vez en cuando abro el tarro y aspiro su aroma. Huele a madera vieja, a piedras mojadas y a sudor de marinero. Huele a noches en vela esperando tu regreso junto a la orilla.

Ahora somos un recuerdo. Es el mejor título que se le puede dar al camino que recorrimos juntos. Nos merecemos ser un recuerdo de esos que envuelven el corazón y te obligan al suspiro y a la media sonrisa. De los que te transportan hasta aquel faro que debía guiarte de vuelta a casa y que hoy ni siquiera se enciende. Tal vez te esté guardando el luto. Como yo. Como lo nuestro.


Texto: Rosa Muro @pink_wall