lunes, 3 de febrero de 2014

JUNCOS VALIENTES

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Lunes, 03 de febrero de 2014

Querido diario:

¿Crees que es tarde? ¿Se me habrá echado el tiempo encima para pensar en cambios de rumbo,  puntos de inflexión y propósitos de enmienda en mi vida para este año? No. Definitivamente no.  Para buscar la corriente de viento que favorezca mi viaje cualquier época es buena. Lo importante es decidirse, dar el primer paso. Y lo voy a hacer. Desplegaré todas mis velas.

Fabricaré mis propio sueños y los haré realidad. Porque si no intento llevarlos a cabo de nada habrán servido mis paseos nocturnos por los océanos de Oniria. Optaré por la mejor compañía, la que me haga sentir en paz y a la vez viva. Me rodearé de aquellos que sepan alborotarme la sangre cuando el abatimiento me pueda. Mantendré a mi lado a los expertos en acariciar terminaciones nerviosas con las yemas de sus dedos consiguiendo así apaciguarme cuando mis propios demonios intenten arrastrarme a su terreno.

Lucharé por lo que creo justo, me ilusionaré a diario con las cosas más pequeñas y aprenderé a surfear para alcanzar olas de risas. Disfrutaré perdiendo el equilibrio, caeré una y otra vez y me volveré a levantar  para alcanzar la cresta a carcajadas. Pero han de ser carcajadas compartidas. Si no, no las quiero.

Me afanaré en nombrar más a menudo a los que ya no están. No necesitaré voz ni palabras. Sólo ganas, recuerdos y amaneceres rojos. Nubes teñidas de color púrpura desde las que ellos se asomarán para velar por mí, por los que aún quedamos. Cielos que me guiñarán el ojo enviando señales a través de bailes mágicos de bandadas de golondrinas.

Abriré la mente a nuevas ideas y pensamientos.  Intentaré vivir cada día como si no hubiera más. Izaré banderas de cariño, dedicaré más “tequieros” y desearé imposibles. Porque nunca se sabe. Emergeré de entre las aguas como los juncos valientes, manteniéndome bien erguida a pesar de las corrientes.

Todo eso y mucho más. Porque aún estoy a tiempo. Porque he desplegado mis velas.


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 27 de enero de 2014

AUTOBÚS SIN PARADA

Fotografía: Fran Gala @erfran72

¡Saludos, pupiler@s! 

Esta semana emprendemos nueva aventura dando cabida a la colaboración de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall), brindándoles una de las fotografías de Fran Gala para que den rienda suelta a su imaginación y nos deleiten con nuevos relatos. Estas colaboraciones se repetirán el último lunes de cada mes. El encargado de romper el hielo es Carlos Font (@melmastia), estupendo con la pluma y gran amigo de la casa. ¡Gracias Carlos! Esperamos que disfrutéis de su pericia con las letras, de las que podéis seguir gozando en su blog: melmastia. Os dejamos con su historia.




Conozco perfectamente el momento en que ocurrió, mentiría si dijera que no. Lo llevo grabado en la retina, en la mente y en el corazón. Cada minuto que pasa me arrepiento de ello y me entran ganas de volver atrás, de retroceder en el tiempo y cambiarlo. Pero no puedo.

Muchas noches me levanto sobresaltado, sudado, jadeando y con el corazón desgarrado. En la oscuridad busco tu cuerpo, anhelando que el sueño haya sido eso, un simple sueño y que el roce de tu piel caliente me reconforte como tantas otras veces. Pero no, no ha sido un sueño, como confirma la inmensidad del vacío que hay en el lado derecho de la cama, al que me acerco, una y otra vez, intentando captar algo de tu olor, de tu fragancia, de tu esencia, que me devuelva otra vez al mundo de los sueños. Pero no lo consigo.

Por eso hoy, al verte en la parada del autobús el corazón me ha dado un vuelco y, cuando se han cruzado nuestras miradas me ha parecido ver un destello en tus ojos. Pero tras los cuatro segundos más largos de mi vida has bajado la cabeza, te has metido las manos a los bolsillos y has vuelto a mirar hacia el asfalto.

Y, ahora, ahí estamos, tú en la parada del autobús y yo dos metros detrás. Separados por un plano de Madrid, que se me antoja inmenso, como la ciudad. Tú deseando que no llegue el autobús, a la espera de que yo junte el valor suficiente para pedirte perdón. Y yo deseando que no llegue el autobús, intentando juntar el valor suficiente para pedirte perdón.

Pero el autobús llegará. Tú te irás a casa de tu amiga, con la que vives desde que te fuiste, a no contarle que me has visto, para no llorar de nuevo en su hombro, pues sabes que te volverá a decir que no te merezco, y yo a mi casa, a llorar por mi cobardía, por tu ausencia y por el error de besar a esa amiga tuya que, pese a acogerte en su casa, tampoco tiene las agallas suficientes para decirte que el sujetador que encontraste en mi casa era suyo, pues tampoco quiere perderte.


Texto: Carlos  Font (Twitter: @melmastia, blog melmastia)

lunes, 20 de enero de 2014

LA ASFIXIA

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Llegaste a mí como el oxígeno a un buceador en apuros. Como la primera gota de rocío a la flor suicida que decidió marchitarse al ponerse el sol. Apareciste y me cobijaste al abrigo de tus pestañas, que me abanicaban con un solo parpadeo y me aliviaban la asfixia en la que me mantenía sumida hasta entonces.

Nunca sentí la necesidad de preguntar de dónde venías, porque ya lo sabía. Procedías del otro lado de un arco iris de invierno. Ni siquiera en eso podías ser común. Viniste con una misión: remendarme las costuras que otros antes descosieron, con o sin intención. A mí me gusta pensar que lo hicieron de manera involuntaria.

La primera vez que te vi vestías una camisa blanca como los lirios. Olías a sábanas limpias tendidas al sol. Y a ilusión nueva. Viniste para templar mis noches y darle la vuelta a mi almohada por el lado frío en las madrugadas de estío.

Te marchaste de mí del mismo modo en que llegaste, de manera repentina pero de puntillas. Me dejaste huérfana de lirios. Se me reabrieron las costuras. Otra vez. Y la almohada volvió a sofocarme. Ahora tiene los dos lados ardientes por más vueltas que le dé.

Paso las madrugadas a los pies de tu balcón, esperando que, quizás, te des cuenta de que tomaste la decisión equivocada. Y el deseo de que te mueras por volver a abanicarme la asfixia me araña el pecho y se me aferra a los pulmones. Mientras tanto alzo la vista, con la esperanza vana de que enciendas una luz, de que me hagas una señal.  Y boqueo. Como un buceador en apuros. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 13 de enero de 2014

PIEDRAS MOJADAS

 
Fotografía: Fran Gala @erfran72



Nuestra historia no fue de amor. Nuestra historia fue de fuego. Nos quisimos con intensidad, con furia y con desgarro. Nos consumíamos entre llamaradas cada noche y resurgíamos cada madrugada. Así es como deben arder los amores de verdad, los auténticos, los que escuecen como sal en una herida abierta y producen cosquillas en el interior de los ventrículos a partes iguales.

Avivábamos el fuego con la ausencia. Tú te marchabas y yo te esperaba. Siempre volvías. Y el fuego nos abrasaba. Y te volvías a marchar. Así durante años. Cuando no te tenía jugaba a imaginarte. A veces pasaba tanto tiempo que te tenia que inventar. Fue el mar dictador quien decidió apagarnos por completo una noche de tormenta. 

Guardo las cenizas de nuestra hoguera en un tarrito de cristal con la tapa de color aguamarina. Le puse una etiqueta en la que puede leerse “lo nuestro”. De vez en cuando abro el tarro y aspiro su aroma. Huele a madera vieja, a piedras mojadas y a sudor de marinero. Huele a noches en vela esperando tu regreso junto a la orilla.

Ahora somos un recuerdo. Es el mejor título que se le puede dar al camino que recorrimos juntos. Nos merecemos ser un recuerdo de esos que envuelven el corazón y te obligan al suspiro y a la media sonrisa. De los que te transportan hasta aquel faro que debía guiarte de vuelta a casa y que hoy ni siquiera se enciende. Tal vez te esté guardando el luto. Como yo. Como lo nuestro.


Texto: Rosa Muro @pink_wall

lunes, 23 de diciembre de 2013

CELEBRAD LA VIDA

El equipo de La Pupila Imantada


Ya lo dice el refrán. Que es de bien nacido ser agradecido. Y los integrantes de La Pupila Imantada sólo podemos dar las GRACIAS, en mayúsculas, a todos nuestros lectores y seguidores. Gracias por animarnos en los comienzos, que siempre son inciertos. Gracias por estar ahí, semana tras semana, brindándonos la dosis de ilusión necesaria para continuar adelante con esta aventura. 

La Pupila se ha convertido en parte de nuestras vidas. Cuando tomamos una fotografía pensamos inevitablemente: -¿La guardamos para el blog? ¿Tiene una buena historia?-. Y así pasamos el tiempo, entre imágenes y letras, intentando acercaros  nuevos mundos, nuevos personajes, nuevos sueños.

Vuestro reconocimiento es el mejor regalo. Disfrutad de las fiestas, pupiler@s. Si creéis en la Navidad, hacedle los honores. Si renegáis de ella, celebrad la vida.

Nuestros mejores deseos para tod@s.


¡FELICES FIESTAS! ¡FELIZ 2014!


Nos vemos y leemos el año que viene. ¡Sed felices!


Rosa Muro (@pink_wall) y Fran Gala (@erfran72)


lunes, 16 de diciembre de 2013

LA LUCHA

Fotografía: Fran Gala @erfran72




Echó un último vistazo a su alrededor antes de salir. Los pocos muebles que había podido salvar permanecían ocultos bajo viejas sábanas para protegerlos del polvo. Las persianas cerradas apenas dejaban adivinar pequeños puntos de luz que se reflejaban en sus pupilas humedecidas. Aun así sonrió pensando que entre aquellas cuatro paredes su familia había sido feliz.

Deslizó los dedos suavemente por las muescas que su marido había tallado en el marco de la puerta del salón. Cada una de ellas correspondía a un año de vida de sus hijos. Aquella casa los había visto crecer, reír, aprender, ilusionarse. Aquellos que la habitasen a partir de entonces iban a ser dichosos a la fuerza. Porque tanto amor impregnado en el ambiente, tanta lucha, no podían caer en saco roto.

De camino a la salida acarició con cariño el gotelé que tanto detestaba hasta entonces y que soñaba con quitar cuando hubiesen conseguido ahorrar algo de dinero. Abrió el cajetín del cuadro eléctrico y bajó el interruptor. Se obligó a salir de allí con la cabeza erguida, secándose las lágrimas con la manga del abrigo desgastado, sin mirar atrás.

Ya en la calle una mezcla de viento e impotencia le arrasó los ojos. Cargaba en el bolso con un cansancio infinito que le agotaba las ganas de seguir. Cuanto más pesaba aquel maldito bolso más despreocupados le parecían los paseantes que caminaban a su lado, sin cargas al hombro que les blanquease el pelo y les oscureciese la mirada.

Pensó en un último intento desesperado, volver a hablar con el director de la sucursal, volver a suplicar. El cansancio le agarrotaba los músculos del alma y no le dejaba ni pensar. Las lágrimas se convirtieron en un río de rabia incontrolable. Buscó con la vista cegada un lugar en el que recuperar la calma. Tenía que recoger a los niños, no podían verla así. Se acercó a un banco y se recostó hasta tumbarse colocando el abrigo a modo de almohada. Cerró los ojos.

- Sólo un minuto. Enseguida me repongo. A veces siento que no puedo más…


Texto: Rosa Muro @pink_wall





lunes, 2 de diciembre de 2013

LA BÚSQUEDA

Fotografía: Fran Gala @erfran72



Llevaba dos vidas y casi una muerte buscándole. Infinitos latidos desacompasados, innumerables bocanadas de aire ahogadas, miles de centímetros de piel ajena explorados. De sus dos primeras vidas guardaba vagos recuerdos, anestesiada por el sinsentido, por la obsesión por no perderse una sola oportunidad, un solo olor, la más mínima señal en el semblante de un desconocido, por si fuera ÉL.

Sin embargo recordaba con increíble nitidez aquella vez en que se asomó al abismo de la muerte. La tarde templada, la brisa del mar acariciándole las pestañas, ella relajando todos sus músculos al borde del precipicio, dejándose caer hacia adelante, asomada al abismo de aquel mar embravecido. Todavía no tenía claro cuál fue la razón que le hizo dar un paso atrás en el último segundo.

Llevaba dos vidas y casi una muerte deambulando por calles teñidas de blanco y negro. Recorriendo sus rincones con la esperanza dolida de encontrarse con ÉL a la vuelta de cualquier cansada esquina. Décadas subiendo cuestas con la respiración entrecortada por el esfuerzo. Años frenando con los pies y con el corazón en las bajadas más empinadas, en un intento vano por no dejarse llevar por la inercia de la autocompasión y el olvido cuando le flaqueaban las fuerzas.

Y de pronto, el día más deslavado, el que tenía la luz más gris, aquel en que ni los pájaros cantaban, sucedió. Como ocurren las mejores cosas de la vida. Justo cuando uno no lo espera porque ha tirado la toalla y ha dejado de buscar víctima del desencanto. Fue entonces cuando ocurrió. Tal vez porque su mente se relajó, su cuerpo abandonó aquel estado permanente de alerta y las ganas decidieron que ya no podían más.

La esquina precisa, el momento adecuado. Allí estaba ÉL. En mitad de una  noche que deslumbraba a golpe de luna. Dos vidas y casi una muerte esperándole y apareció cuando había dejado de creer en posibilidades. Cuando llevaba noches dejándose adormecer por los abrazos de la incredulidad y el hastío. ÉL. Apostado en la pared, bajo una farola, silbando aquella melodía que ella había escuchado en sueños todas y cada una de las madrugadas de sus dos vidas.

Las calles, con cada nota de aquel silbido, poco a poco, recuperaron su color. La incredulidad desapareció. El hastío se perdió entre callejuelas. Y ella volvió a partir de cero. Volvieron a partir de cero. Comenzaron una nueva vida. Porque a la tercera va la vencida. 


Texto: Rosa Muro @pink_wall