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| Fotografías: Fran Gala @erfran72
Queridos pupiler@s:
Llegan las vacaciones de Semana Santa y La Pupila se toma un descanso. Disfrutad de las fiestas, tanto si sois creyentes como "disfrutantes". Si os consideráis ambas cosas, ¡gozad el doble! Aprovechemos todos para desconectar y así regresar con más fuerza y más ganas.
Sobre todo recordad:
"La risa son unas vacaciones instantáneas"
(Milton Berle)
¡Nos vemos en quince días!
Rosa Muro @pink_wall
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Blog de fotografía artística y microliteratura. Pequeñas historias que toman como protagonistas a las imágenes que las inspiran. Nuestro universo particular visto a través de la pupila y de la imaginación.
lunes, 14 de abril de 2014
EL DESCANSO DEL GUERRERO
lunes, 7 de abril de 2014
SOY FELIZ
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| Fotografía: Fran Gala @erfran72 |
La encuentro por doquier. Está en gran parte de las personas
que me rodean. Supongo que el truco consiste en saber aceptar a los que
conforman mi familia tal y como son y en
elegir con tino a los amigos. No tiene misterio. Quedarme con quien me hace
sentir bien, con quien no me obliga ni me fuerza, con quien no me regala el
oído. Apostar por la alegría y alejarme de los dramas innecesarios, de los
tristes que desgastan.
Ser feliz es tener buen ojo para acertar a la hora de pisar
los caminos adecuados. Caminos cuyo destino poco importa. Aprender de la vida
que lo primordial es saber disfrutar de cada elección en los cruces, de cada polvareda provocada por el viento, de
cada descanso para retomar fuerzas bajo un árbol a pie de carretera.
Ser feliz es saber dejar correr el agua para que no se
estanque. No dejarse dentro ni una sola caricia, ni un solo beso, ni siquiera
un reproche. Ser feliz es saber regocijarse en las cosas más pequeñas. Apreciar
los detalles y disfrutar compartiéndolos. Porque todo mejora en la compañía
adecuada.
No sufro por si un día acaba. No lo va a hacer. He
encontrado la clave y es simple. Si lo deseo seré feliz. No depende de nadie ni
de nada. Así de complicado. Así de fácil. La felicidad depende de mí. Estoy
viva. Soy feliz.
Texto: Rosa Muro @pink_wall
lunes, 31 de marzo de 2014
LA INDIFERENCIA
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| Fotografía: Fran Gala @erfran72 |
Todos los días la misma rutina. El locutor de su emisora favorita
le despertaba cada mañana a las 7:00. Apagaba la radio de un manotazo,
refunfuñaba un rato y se hacía el remolón. Finalmente se levantaba, se
despojaba del pijama camino de la ducha, lo dejaba tirado sin importar dónde
caía y después desayunaba lo que ya encontraba preparado en la mesa del comedor. Devoraba la prensa económica alternando la vista del plato al periódico y viceversa. Todas las mañanas.
Al acabar la jornada volvía tarde a casa, cansado y de mal humor.
Daba un portazo al entrar que hacía tintinear las lágrimas de cristal de la lámpara de la entrada. Invariablemente. Encendía el televisor con el
volumen prácticamente al máximo mientras arrojaba el abrigo y el maletín sobre
el sofá, se aflojaba el nudo de la corbata y se sentaba a la mesa. Todo lo
encontraba a punto, cada plato preparado con esmero, ni muy frío ni muy
caliente, con una cuidadísima presentación. Todas las noches.
Al final el silencio le pudo. Le ganaron la batalla la desgana, la desidia y la
dejadez. No pudo con más portazos ni más tintineos, no soportaba más despertares con aquel
locutor insufrible a todo trapo, no iba a consentir más cenas sepulcrales ni
más maletines abandonados a su suerte por doquier. Pero por encima de todo le desgarró la indiferencia. Ella se cansó de ser invisible.
Aquella noche planchó el vestido que a él más le gustaba. Se
recogió el cabello, se maquilló con esmero, puso los mejores cubiertos en la
mesa, la cristalería más cuidada, cocinó su plato favorito y esperó a que él volviera del trabajo.
Tras el golpe de la puerta y el correspondiente tintineo de cristal constató que él seguía sin
verla. Pese al vestido, al perfume y al carmín de sus labios. Aguardó a
que se aflojase la corbata y se sentase a cenar.
Entonces le dedicó su mejor sonrisa, aun a sabiendas de que él no se iba a percatar. Se dió media vuelta y se dirigió con aparente calma hasta la cocina, con la sonrisa petrificada en la cara. Respiró hondo, abrió el cajón de los cubiertos
y cogió el cuchillo más grande que encontró.
Texto: Rosa Muro @pink_wall
lunes, 24 de marzo de 2014
EL MUNDO AL REVÉS
| Fotografía: Fran Gala @erfran72 |
El mundo al revés. Quién me iba a decir a mí, a mis 76 años
recién cumplidos, que me iba a encontrar el mundo patas arriba. Cómo iba yo a
sospechar que las cosas iban a cambiar de esta manera. Llevo toda la vida
presumiendo de que me deslomé trabajando para que mi familia viviera mejor de
lo que lo hicieron mis padres y mis abuelos, pero los motivos para presumir
se han esfumado. Resulta que han
cambiado las tornas. Jamás pensé que mis ojos llegarían a ver algo así.
Salgo a pasear todas las mañanas. Por eso sé que me hago
viejo. Porque me gusta caminar sin rumbo fijo, sentarme en un banco y dejar
pasar el día sumido en pensamientos y recuerdos. Rememoro a menudo y con cariño los años
vividos en Venezuela. Labrarme un porvenir allí fue duro, pero el esfuerzo
mereció la pena. Media vida al otro lado del océano luchando por asegurar un
futuro acomodado a mis hijos. Y creí que lo había conseguido.
Me gustan los bancos de la plaza a media mañana. Tomo
asiento y juego a adivinar cómo serán las vidas de los que deambulan ante mis
ojos. ¿Les irá bien? Me pregunto durante cuánto tiempo los jóvenes continuarán
manteniendo la esperanza, durante cuánto más los mayores conservarán las
fuerzas para seguir alentándoles. Pienso, medito, bostezo… Estoy cansado.
Cansado porque hace ya tiempo que paso las noches pares
soñando que sigo en Caracas. Los niños aún son pequeños y no entienden de
preocupaciones. Los días impares, sin embargo, no consigo dormir. Se deslizan
las horas lentas y agónicas por mi cabeza. Hago números, sumo facturas, cavilo.
Pero las cuentas no salen. Dos hijos en paro y cuatro nietos son muchas bocas
que alimentar. Menos mal que su difunta madre ya no está aquí para verlo. Menos
mal que tengo 76 años. Y mi pensión. Y la dignidad.
Texto: Rosa Muro @pink_wall
lunes, 17 de marzo de 2014
EL INSTANTE MÁS FELIZ DEL DÍA
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| Fotografía: Fran Gala @erfran72
¡Saludos, pupiler@s!
Esta semana continuamos con nuestra serie de colaboraciones de otros escritores diferentes de Rosa Muro (@pink_wall), nuestra escritora habitual. Esta vez le hemos brindado una de las fotografías de Fran Gala
a nuestra querida Leire Frex para que diera rienda suelta a su imaginación. Esperamos que disfrutéis de su delicadeza contando historias y de su sensibilidad. Si os quedáis con ganas de más os animamos a que la sigáis en Twitter (@marconpi66), donde comparte con todo aquel que quiera leerlo pequeños retazos de belleza literaria. Os dejamos con su historia:
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Habían pasado toda la vida juntos y ahora, desde hacía un tiempo, ella ya no recordaba esa vida.
Todas
las tardes iba a recogerla a la residencia, allí estaba ella tan guapa
como siempre, a él se le alegraba la mirada al verla, a la vez que se le
entristecía el alma.
- Hola Julio, buenas tardes, tan puntual como siempre.
Le saludaba una amable enfermera, que
les tenía mucho aprecio.
- Aurora ya baja, está preparada.
-Gracias, Carmen-, sonreía educado.
La tomaba de la mano y con todo el cariño del mundo, le daba un beso en su mejilla.
-En una horita regresamos.
Día
tras día, el mismo paseo con idéntico recorrido, las calles para ella
todas desconocidas, Julio iba hablando, contando lo que había hecho y lo
que después haría, sobre sus hijos, sus nietos..., Aurora solo sonreía.
Por
fin llegaban frente a aquel escaparate, era el instante más feliz del
día, cuando de los labios de su amada esposa salía un leve susurro que
le decía: -Julio y yo-, apretaba su brazo y se le escapan un par de
lágrimas, "nosotros".
Aquella tienda de fotografía que tantos años regentaron juntos, y que
mostraba en el escaparate la foto de su boda.
Texto: Leire Frex
Twitter: @marconpi66
Texto: Leire Frex
Twitter: @marconpi66
lunes, 10 de marzo de 2014
CAFÉ A LAS 6
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| Fotografía: Fran Gala @erfran72 |
No podía quitarle los ojos de encima, parapetado tras la
barra. En cuanto la vio en la puerta se quedó paralizado mirándola. Sujetaba
una jarra de leche caliente a medio camino de la taza de un cliente que tuvo
que increparle para que prestase atención a lo que estaba haciendo. Eran las
seis en punto.
Llevaba el cabello ondulado, de un tono castaño rojizo que
reflejaba la luz de aquella tarde cálida que amenazaba primavera. Recogidos a medio
lado, los mechones le caían por delante del hombro como un broche precioso sobre
el pecho. La boca, maquillada con carmín frambuesa, destacaba casi más que sus
enormes ojos color café en una piel clarísima salpicada de minúsculas pecas.
Poseía unos rasgos que a él se le antojaron perfectos.
La mujer avanzó taconeando con paso seguro entre las mesas y
eligió la más alejada del mostrador para tomar asiento. Se despojó de los
guantes y el abrigo y se acomodó a la espera de que le tomasen nota. Él
continuaba tras la barra, haciendo ver que secaba vajilla con un trapo, pero
sólo acertaba a sacar brillo al mismo vaso una y otra vez. Su jefe le hizo un
gesto impaciente con la cabeza para que se acercase a preguntar a la nueva
clienta qué deseaba tomar.
Presionado por el dueño se armó de valor y se dirigió a la
mesa del fondo. - Buenas tardes señorita.
¿Qué va a ser?-. Le sorprendió que su propia voz sonara inesperadamente
desenfadada y serena. Ella pidió un café con aire distraído.
Ni siquiera alzó la mirada mientras hablaba con él. Parecía
muy ocupada escudriñando el local como si buscase algo o a alguien. En la mesa,
bajo los guantes, asomaba un libro cuyo título no se dejaba ver. No le hacía
falta. Sabía perfectamente de qué novela se trataba. Titubeó un momento antes
de darse media vuelta y encaminarse a la barra. Preparó el café, lo
colocó sobre el mostrador y otro compañero se lo acercó a la mesa.
La siguiente media hora se les hizo eterna a ambos. Ella,
conforme pasaba el tiempo, se mostraba cada vez más inquieta. Bebía a pequeños
sorbos como si no deseara terminar. Fijaba la vista en la puerta cada vez que
se abría y ojeaba el reloj una y otra vez. Él, escondido tras la cafetera, la
observaba sin ser visto mientras cambiaba el peso del cuerpo de un pie a otro,
presa del nerviosismo.
Finalmente la mujer se levantó de la mesa y con gesto
resignado se marchó. Él salió de su escondite, recogió la taza vacía, la rozó con sus propios labios y la guardó en su taquilla acariciándola. Sabía que
aquello era lo más cerca que iba a estar de besar a aquella mujer jamás. El acto
de cobardía que acababa de protagonizar le alejaría de ella para siempre. Una cita a ciegas no había sido la mejor de las ideas. El amor es
para los valientes.
Texto: Rosa Muro @pink_wall
Etiquetas:
amor,
bar,
blanco y negro,
café,
cita,
cobardía,
fotografía,
labios,
mujer,
valientes
lunes, 3 de marzo de 2014
EL BAILE DE LAS ESPIGAS
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| Fotografía cortesía de Norberto Santos @norbertosl |
Seguí las
huellas de tu recuerdo con paso vacilante. Me llevaron hasta un prado de árboles
infinitos y espigas doradas que se contoneaban a merced del otoño. El lugar en el que hicimos planes por primera
vez. Yo reía sin parar tumbada sobre la hierba mientras seguía con la mirada el
vaivén de los volantes de mi falda. Tú gesticulabas preso del entusiasmo junto
a mí, apoyado sobre un brazo mientras me retirabas el cabello de la cara con la
mano que te quedaba libre y me besabas la sien.
Me
contabas historias increíbles que me creí. No sé cómo en aquel momento no me di
cuenta de que aquello que pretendías que construyéramos juntos no eran más que
castillos en el aire. Poco tiempo después caí en ello de golpe. Un golpe seco y
frío causado por una ráfaga de viento que derrumbó los cimientos de nuestros
castillos. El viento de la mentira.
Aquel
día, en el prado, estaba loca de amor. Y la locura del corazón empaña los ojos
del sentido común. Fui la última en saber que frecuentabas aquel rincón maravilloso con
otras que no eran yo. Que los castillos que pretendías edificar formaban legión,
que no eran patrimonio tuyo y mío. Un golpe seco, frío y asolador.
El tiempo
ha convertido el dolor en pena. La danza hipnótica de las ramas mitiga mi
tristeza. Porque cuando siento que ésta se adueña de mí me tumbo en la
hierba, entrecierro los ojos, me recreo en el espectáculo y pienso en que al
menos obtuve algo bueno de ti: El baile de las espigas.
Texto: Rosa Muro @pink_wall
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